martes, 7 de junio de 2016

NAVIDAD DE ANTAÑO

NAVIDAD DE ANTAÑO

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-¿Cómo era la Navidad en su tiempo, don Matías?

El viejecito octogenario piensa un momento. Luego, empieza su relato:
-La Navidad en mis tiempos era más alegre, más simpática. Y de ella tengo recuerdos imborrables.

Yo vivía con mis padres en el Alto de Lima. Desde las primeras horas de la noche del 24 de diciembre, recibíamos la visita de los familiares. Mientras los visitantes charlaban con mis padres y matizaban la charla con algunas copitas de anisado o del puro aguardiente de uva de Cinto, yo fui a dormir algo.

Me despertó mi mamá:
-Levántate, hijito. Vamos a misa. A la “misa del gallo”.
Tenía yo entonces unos ocho años. Me puse a vestir: un pantalón corto, mi blusa de marinero, gorro azul y corbata llamativa. En ese tiempo los niños usábamos pantalón corto, como verdaderos niños. No como ahora que los pequeños se ponen pantalones largos y quieren ser hombres antes de tiempo.
Mis padres me llevaban de la mano y llegamos al templo.
Mis ojos se extasiaron contemplando la belleza del “Nacimiento” que habían preparado junto al altar mayor. Multitud de lamparines y velas iluminaban el cuadro del pesebre y sus personajes. ¡Qué Niño tan lindo! Si parecía que me hacía muecas y reía conmigo, como un buen amiguito.
Música, castañuelas, pitos, bombardas. Un coro mixto de niños y niñas lanzaban sus voces llenando totalmente las naves del templo.

* * *

Mi madre no puso reparos. Un olor agradable, característico, se esparcía por todas partes. Con ansiedad miraba yo a las mucamas en sus idas y venidas. Y, al fondo, sobre un brasero a carbón, una zamba rechoncha, sudorosa, hacía malabarismos en la preparación de los clásicos buñuelos, que algunos llaman “picarones”.

-Doña Raymunda: tres platos de buñuelos y tres tazas de chocolate – ordenó mi padre.
¡Qué sabrosos! ¡Qué maravilla de “picarones”! Doña Raymunda era, tal vez, la más experta en esta clase de platos. Pocas veces en mi vida he saboreado mejores buñuelos. Yo no sé si los buñuelos fueron traídos por los españoles o es un plato netamente criollo. (...) nadando en un mar de miel de caña procedente de Tomasiri, eran sumamente sabrosos, deliciosos, únicos.

* * *

Al despertar, junto a mi lecho encontré algo que fue para mí motivo de viva sorpresa. (…)
-Es un obsequio del Niño Jesús-me dijo-. Porque eres bueno, inteligente y quieres mucho a tus papacitos.
(…)
-Mamita: ¿El niño Jesús tendría un coche como y un caballito como los que tengo?
-Jesús fue un niño pobre, hijo mío. Y cuando ya fue hombre, al entrar a Jerusalén, lo hizo montado sobre una burrita.

* * *

Al terminar su relato, don Matías se puso triste. Una lágrima brilló sobre sus arrugadas mejillas. Y, con voz humedecida por el recuerdo, nos dijo:
-¡Oh, Navidad de antaño!¡Qué felices eran aquellos tiempos, amigo mío!
FUENTE:http://aquientacna.weebly.com/mitos-y-leyendas

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